El 8 de julio de 1811, a las 20h, cae un meteorito en Berlangas, de grandes dimensiones. Ante el gran desconocimiento de sus causas científicas, fue producto de muchas supersticiones en el lugar. Descubierto por los labradores de Berlangas, que se hallaban por aquel entonces en sus alrededores, quedando éstos inmóviles y asustados. Hasta un gato que estaba con ellos empezó a dar vueltas alrededor sel socavón producido, de unos 2 metros de profundidad. La piedra estaba todavía caliente e incandescente.

La presencia de tropas napoleónicas en la zona, durante el último periodo de la Guerra de la Independencia propició que el suceso fuera bien documentado. Algunos ingenieros militares colaboraron en reconstruir los hechos y dejaron constancia para su posterior estudio por científicos franceses. Suceso relatado por el gobernador civil de Burgos y Comandante en jefe del Ejército del Norte de Estaña Pierre-François Dorsenne (1773-1812). Estos documentos recogidos han sido denominados como Berlanguillas.

Actualmente se conservan los fragmentos en distintos museos e instituciones científicas. El mayor de ellos, de unos 1.200 kg se encuentra en el Museo Nacional de Historia Nacional de París. Otro de los fragmentos se encuentra en el Observatorio del Vaticano, en la residencia veraniega del papa en Castel Gandolfo.